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Silvia Intxaurrondo y la bolsa negra.

  • 16 ene
  • 4 Min. de lectura


Silvia Intxaurrondo nunca defrauda. La periodista estrella de Telepedro (antes denominada Televisión Española) ha vuelto a demostrar que se gana con creces cada uno de los 260.000 euros anuales que, con el dinero de todos, Pedro Sánchez le paga para que mienta, tergiverse, predique, confunda e ideologice a la audiencia televisiva de un medio de comunicación supuestamente público pero que, como todas las demás instituciones del Estado, ha pasado a ser propiedad privada de la familia Begoña-Sánchez.

 

Horroroso, lector. Horroroso. Silvia Intxaurrondo, ahora Intxahorrenda, en pleno directo de Telepedro, y mientras como fondo de pantalla aparecían cientos de bolsas negras con civiles iraníes asesinados por los ayatolás, explicaba a los españoles que “la sociedad iraní decidirá estos días si seguirá tolerando, o no, a la ultraderecha radical instalada desde hace décadas en el Gobierno de ese país”.

 

A la ultraderecha dice, lector. A la ultraderecha. Que los clérigos iraníes lapiden a las adúlteras, ahorquen a los homosexuales y obliguen a sus súbditos a rezar cinco veces al día no es para Silvia Intxaurrondo un claro signo de teocracia islamista, sino de ultraderechismo rancio al estilo de Feijoo o de Abascal, dos siniestros personajes que, como todo el mundo sabe, además de meapilas, tampoco cesan de ametrallar civiles en las calles madrileñas.

 

Que en la República Islámica iraní rija por completo la sharía, te corten la mano por robar o te torture la Policía Religiosa por no llevar bien puesto el velo, no es para Silvia Intxaurrondo una prueba palpable de fanatismo islamista, sino de fascismo clásico al estilo de Meloni o de Milei, dos personajes infames que, como todo el mundo sabe, también han obligado a taparse la cabeza a las mujeres italianas y argentinas.

Silvia Intxaurrondo, no es tan sólo un vergonzoso disparate ideológico, es algo muchísimo más profundo: desinformación deliberada, planificada y pensada

Que los mayores enemigos de los clérigos iraníes sean el Satán capitalista estadounidense y el Satán capitalista israelí, y que los tipos del turbante lleven medio siglo buscando la bomba atómica para lanzarla sobre los susodichos, no es para Silvia Intxaurrondo un indicio de teocracia asesina, sino una mezcla del yugo y las flechas, del NODO franquista, la cruz gamada, la División Azul, el Capitán Trueno y el coronel Moscardó defendiendo el Alcázar.

 



Que el tabernero Iglesias tenga una televisión privada financiada por los ayatolás (se llama “Canal Red”, o Telepodemos), y que el susodicho jefe de los podemitas españoles lo haya reconocido públicamente diciendo que “para hacer política hay que cabalgar contradicciones”, no es para Silvia Intxaurrondo un dato definitivo de connivencia entre la izquierda europea y el islamismo descerebrado, sino un asunto ultra-ultra, facha-facha.

 

Que ayer mismo, en “Canal Red”, ya con muertos en las calles de Teherán, un “experto” podemita entrevistado por Pablo Iglesias haya defendido las múltiples bondades del Régimen iraní y ni siquiera haya propuesto el inmediato envío a aquel país de una flotilla humanitaria cargada de condones y porros, no es para Silvia Intxaurrondo una señal inequívoca de concordancia ideológica entre la basura teocrática y la basura marxista, sino el aviso inquietante de que el general Mola y el general Yagüe están a punto de sublevarse en España.

 

Que nuestra ministra de Igualdad –la de los atrapasueños en las orejas– no mencione las miles de mujeres iraníes asesinadas por el Régimen pero se preocupe de las que denuncian por acoso a Julio Iglesias, no es para Silvia Intxaurrondo un signo de compadreo entre el Partido Socialista y los clérigos iraníes, sino un insignificante detalle que no merece la pena. 

Para Silvia Intxaurrondo, cualquier acontecimiento, suceso o evento, es una muestra indudable de que el fascismo avanza en todas partes

Que la sacerdotisa Irene Montero (del culto feminista-podemita) predique contra los Estados Unidos y no diga una sola palabra sobre las mujeres iraníes ametralladas, no es para Silvia Intxaurrondo una señal indudable de que sólo la ultraizquierda se ve representada y alineada con las formas más salvajes de islamismo mundial, sino una señal inequívoca de que Franco ha resucitado, y de que vuelve la ultraderecha.

 



Que la República Islámica de Irán sea íntima amiga de los comunistas norcoreanos, de los comunistas chinos, de los comunistas cubanos, de los chavistas venezolanos y de los sandinistas nicaragüenses, no es para Silvia Intxaurrondo un signo de connivencia criminal entre la teocracia iraní y la ultraizquierda mundial, sino una muestra indudable de que el fascismo avanza en todas partes, y de que pronto llegará a nuestras casas si ella misma, Silvia Intxaurrondo, al módico precio de 260.000 euros brutos anuales, no lo impide desde Telepedro.

 

No, lector. No, no y no. Esto de Silvia Intxaurrondo, ahora Intxahorrenda, no es tan sólo un vergonzoso disparate ideológico, ni tampoco un inocente desliz. Esto de Silvia Intxaurrondo es algo muchísimo más profundo: desinformación deliberada, planificada, pensada. Es lo más canallesco que un periodista puede perpetrar cuando el poder lo corrompe. Es el manual de Goebbels desplegado en Telepedro, donde una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad. Pues así, de esa manera, al unir visual y oralmente la palabra “ultraderecha” con las terribles imágenes de miles de civiles asesinados por los clérigos, el subconsciente de los telespectadores relacionará la bolsa negra que contiene sus cadáveres con nuestro negro y "ultraderechista” porvenir si votamos “equivocadamente” en las próximas elecciones generales.

 

Y ésta, amigo lector, es la miserable historia de Silvia Intxaurrondo y su bolsa negra. Qué hija de la gran Bretaña. Digo la bolsa negra. No Silvia Intxaurrondo.

 

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