El plan de Oughourlian para trocear Prisa
- APEI PRTVI
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Segunda jornada del Spain Investors Day. El evento reúne a más de 200 inversores que observan con atención la última de las mesas titulada «El rol de los grandes inversores en el desarrollo económico de España». En ella participa el principal asesor económico de la Moncloa: Manuel de la Rocha, representantes de Letterone, Six y Apollo y Joseph Oughourlian, en su condición de dueño de Amber Capital, el fondo con el que controla el 28% del grupo Prisa.
Una intervención preparada con mimo por Lalo Azcona —fundador de la agencia Estudio de Comunicación, organizadora del evento, y figura cercana al francoarmenio en los últimos meses— para que coincidiera con el presidente del Gobierno. De hecho, la intervención de cierre con Pedro Sánchez solo se produciría minutos después y el protocolo dictó que se sentaran a escasos metros de distancia. No obstante, quienes estuvieron cerca confirman que tampoco se cerró una reunión. Ni se produjo un acercamiento.
Dos acontecimientos que confirman dos realidades innegables. Oughourlian busca proximidad a Pedro Sánchez desde hace semanas, pero el presidente del Gobierno se resiste a recibirle. Incluso se han producido varias llamadas desde Gran Vía 32 a la Moncloa que no han logrado cumplir con este fin. Ha pasado casi un año desde el órdago del francoarmenio, que rechazó el canal de TDT que planificaron Carlos Núñez y José Miguel Contreras, y del comienzo de la operación financiera que terminó sofocando la rebelión de los accionistas cercanos a la Moncloa.
Doce meses en el que el editor de medios comparó al líder del PSOE con Franco, denunció una conspiración por querer extirpar el sanchismo de El País; y remodeló la cúpula de los medios en búsqueda de sensibilidades menos cercanas al oficialismo. También repelió todos los intentos empresariales por apartarle de su sillón.
Ya hay interesados en quedarse con Cadena SER, ‘El País’, las radios de Latinoamérica, el ‘AS’ y ‘Cinco Días’
¿Qué quiere Oughourlian?. Han sido meses de altibajos en los que Oughourlian ha medido los tiempos y, editorialmente, ha repartido palos y zanahorias al Gobierno casi a partes iguales. Una situación que ha desconcertado a sesudos analistas que un día vaticinaban un reencuentro entre Prisa y la Moncloa y al siguiente daban cuenta de un divorcio irreconciliable. El caso es que desde que estallara la guerra accionarial, Sánchez no se ha fiado del empresario.
Pese a que antaño fueron confidentes, quienes conocen al presidente del Gobierno saben que nunca perdona una traición y que tarde o temprano ajusta cuentas. Y este caso no es la excepción. Las fuentes consultadas insisten en que ahora mismo no está en sus planes hacer ningún movimiento que pueda favorecer mínimamente al francoarmenio. «Podrá recibirle o hablar con él, pero no hará nada para ayudarle», dice quien sigue de cerca el devenir de estos acontecimientos.

Pero, ¿qué quiere Oughourlian? Simplemente quiere el plácet del presidente del Gobierno para ejecutar la enésima maniobra financiera para intentar solucionar la crítica situación de Prisa y, en lo posible, sacar algún rendimiento económico. El proyecto reúne algunas de las ideas que ha venido madurando en los últimos años y otras nuevas empujadas por el peso de la deuda de casi 800 millones de euros y con unos intereses anuales de 80 millones, la mitad de su ebitda.
El foco principal pasa por trocear la compañía, repartir la deuda entre los medios de comunicación del grupo y quedarse solo con una Santillana casi sin apalancamiento. Luego se intentaría una venta de ésta en una segunda fase. Una compleja ingeniería contable y enajenaciones a cuatro bandas que serán imposibles de sacar adelante sin la autorización del Ejecutivo.
El proyecto pasa por agrupar todo en cinco grandes áreas: radio en España (Cadena SER y Los 40); las emisoras en Latinoamérica (Radio Caracol y W Radio); el diario El País; un paquete con el AS y Cinco Días; y los negocios que quedan de Santillana. A cada una de estas unidades se les asignaría una parte de la actual deuda.
Esto implica dejar a la SER con unos 400 millones, al diario generalista otros 200, a las emisoras de Latam con 50 y al resto de diarios en España con 50. La deuda de Santillana se quedaría en 100 millones. Esta planificación cuenta con la aprobación de Pimco, el acreedor de la deuda, y está validada por su CEO, Emmanuel Roman.
Este gestor tiene una gran cercanía con Oughourlian desde que se conocieran cuando el primero era consejero de Prisa (entre 2010 y 2015), una complicidad que algunos atribuyen a que comparten intereses comerciales. Su buena sintonía se confirmó en una extensa entrevista que Roman dio a El País en diciembre pasado, la primera a un medio español.
La Cadena SER y El País. Una vez troceada la empresa hay que buscar compradores que asuman la deuda segregada en las compañías resultantes, lo que liberaría del pasivo a la sociedad matriz que se quede con Santillana. El mayor activo, la Cadena SER, tendría como principal interesado al grupo Mediaset. Este diario ya advirtió hace unos meses de las negociaciones a varias bandas para que los italianos se quedaran con la gestión comercial de la emisora, aunque finalmente no se llegó a ningún acuerdo. Tampoco es nuevo que los herederos de Silvio Berlusconi quieran quedarse con la principal radio española y ahora ven una ventana de oportunidad. Son 400 millones de deuda, aunque el principal problema serían las trabas regulatorias y el riesgo de concentración. Precisamente para ello se necesita el apoyo del Gobierno y las fuentes consultadas por esta Opa Hostil sitúan a la empresa Acento de Pepe Blanco como asesor de los italianos.
El foco principal pasa por trocear la compañía y repartir la deuda entre los medios de comunicación del grupo
En el caso de El País (con 200 millones de deuda), el gran interesado es Mediahuis. En septiembre de 2024, el grupo Vivendi rechazó una oferta del grupo irlandés para hacerse con su 12% en Prisa, por lo que ahora una antigua pieza encaja en este nuevo puzle. El editor —que ve grandes sinergias digitales— ha contratado la asesoría del banco Lazard de Jaime Castellanos y de Linklaters, de la que es socio Sebastián Albella, expresidente de la Comisión Nacional de Mercados de Valores (CNMV). Y parece que van en serio.

La tercera pata son los diarios AS y Cinco Días, que irían en una sola sociedad. ¿Interesados? Un grupo de accionistas de Prisa que entraron en la compañía con 40 millones en la última ampliación de capital exprés de marzo. Entre ellos encontramos a los atléticos Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil y al presidente del Zaragoza, Jorge Mas, viejo conocido de Oughourlian. Aquí se incorporarían otros 50 millones de deuda.
El cuarto activo segregado serían las radios de Latinoamérica, donde irían otros 50 millones de deuda. Aquí no habría interesados inmediatos, por lo que el plan más factible pasa porque se quede bajo el control del propio Oughourlian a la espera de encontrar un partner industrial, que necesariamente tendría que venir de este continente en un futuro.
En resumen, si se concretan las cuatro ventas —lo que es mucho decir—, la sociedad matriz de Prisa se quedaría solo con Santillana y una deuda de 100 millones. Es la forma en la que los actuales accionistas y el francoarmenio puedan recuperar el dinero, ya que su valoración, casi limpia de apalancamiento, podría estar cercana a los 500 millones. Esto implicaría que en una futura venta, ya más a medio plazo, se podría recuperar parte de la inversión neta realizada.
Cuentas de Prisa. Un proyecto complejo que no puede avanzar sin el beneplácito de la Moncloa. Y en ello Oughourlian tiene puestos todos sus esfuerzos. Lleva semanas intentando transmitir su proyecto a Sánchez y a su equipo, pero de momento sin éxito. Incluso hay quien dice que hasta ha logrado la mediación de importantes figuras empresariales ligadas al PSOE. Con todo, en el sector creen que estamos ante un movimiento muy difícil, incluso si logra la paz con Sánchez. Prisa es considerada una empresa estratégica por el Gobierno y no parece que vayan a aprobar una venta segregada de la SER a un inversor italiano y de El País a uno irlandés. Esto no solo significaría dejar que los principales medios caigan en manos extranjeras, sino que además alejaría cualquier posibilidad de que puedan controlarlos en el futuro.

Es un movimiento que se está produciendo en paralelo a la oferta presentada a finales de octubre por el empresario asturiano Blas Herrero para comprar Prisa. En ella propone una ampliación de capital de 300 millones apoyada principalmente por un grupo industrial como la belga DPG, de los que se utilizarían 200 para un plan de reestructuración y otros 100 para pagar deuda. Esto implicaría además la quita de la mitad del apalancamiento en propiedad de Pimco y la refinanciación de bancos españoles, incluyendo el Santander, de los 300 millones restantes. Un proyecto que Oughourlian rechazó en primera instancia. Es verdad que vio con malos ojos la ampliación, pero rechazó la quita al principal acreedor.
Independientemente de la operación que se ponga en marcha, lo que no resiste ninguna duda es la estrechez financiera de Prisa, precisamente por la deuda y las negativas condiciones negociadas el año pasado bajo la presión de los accionistas rebeldes y por una guerra que generó gran incertidumbre en el principal acreedor. Pimco aceptó alargar la vida del pasivo, pero a cambio de mantener unos intereses que el actual nivel de facturación y de ebitda hacen insostenible. Quienes conocen las cuentas rechazan que estén en riesgo de impago, aunque en otros sectores se cree que la situación es más compleja de lo que parece. En cualquier caso, nadie cree que se llegue al final del ciclo de Pedro Sánchez (en dos años), sin tener que realizar algún movimiento financiero. Y por otro lado, tampoco se prevé que el Partido Popular (PP) sea la solución que está esperando Oughourlian. Vienen curvas…
Información de: Fernando Cano (The Objective)
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