top of page
compilation_images_Icon_original (2).png

Estadio Santiago Bernabéu: "Pérdida de identidad visual y problemas de acústica imperdonables"



El Santiago Bernabéu, ese coloso ubicado en el corazón de la capital desde 1947, ha sido objeto una reforma que ha durado casi una década y ha suscitado el interés de la comunidad arquitectónica internacional.  


Bajo la firma del estudio alemán GMP y la oficina madrileña L35, la renovación pretendía actualizar el estadio y crear una pieza urbana capaz de redefinir el lifestyle madrileño. Sin embargo, el camino hacia la modernización ha estado marcado por una escalada presupuestaria vertiginosa: de los 575 millones de euros iniciales a una factura que supera los 1.340 millones.

 

El arquitecto Ignacio Morente, responsable de Espacio Vital, desgrana el proyecto desde una perspectiva técnica y emocional, cuestionando si la innovación tecnológica ha dejado por el camino la esencia de uno de los edificios más icónicos de España.

 

Luces y sombras de la reforma faraónica del nuevo Bernabéu. Para Ignacio Morente, el análisis de un edificio de esta envergadura debe alejarse del ruido mediático para centrarse en su impacto real en la ciudad. "Para mí, hay tres factores que todo edificio con estas necesidades y requerimientos deberían cumplir: la innovación, el urbanismo y la identidad", afirma.



El nuevo Bernabéu se presenta como un espacio camaleónico, diseñado para ir más allá de los 90 minutos de juego y convertirse en un motor económico ininterrumpido. Sin embargo, en esa carrera por la rentabilidad y el espectáculo, el arquitecto señala que se han cruzado líneas rojas que afectan tanto a la estética como a la convivencia urbana. 

Aunque la fachada es el elemento que más miradas atrae, el mayor hito arquitectónico se encuentra oculto a ojos del espectador. Ignacio Morente destaca un acierto rotundo que sitúa al estadio en el siglo XXI, pero también apunta a una alarmante falta de sensibilidad en los acabados y la identidad que definen la experiencia del espectador y del vecino. 

-Una inversión millonaria y una piel metálica que divide a Madrid, el arquitecto analiza las costuras del templo blanco 

El hipogeo: la joya oculta que conecta con el Coliseo. Si hay un elemento que despierta la admiración del arquitecto es el hipogeo. Esta imponente excavación de 30 metros de profundidad permite retirar y conservar el césped en condiciones climáticas perfectas mientras el recinto se transforma. "Es la innovación más potente del estadio", señala Morente, trazando un paralelismo romántico con la ingeniería del Coliseo Romano.




Hace dos milenios, los sistemas subterráneos permitían inundar la arena o mover fieras con una flexibilidad asombrosa; hoy, el Bernabéu utiliza esa misma lógica para albergar desde ferias hasta conciertos, liberando además el entorno urbano al integrar el programa comercial que antes colapsaba la superficie. Es, en esencia, un prodigio de logística enterrada. 

 

El olvido del blanco y el desafío de la acústica urbana. Sin embargo, no todo es brillante en esta nueva piel de aluminio. Ignacio Morente es crítico con la pérdida de identidad visual, ya que el blanco, alma del Real Madrid, ha sido sustituido por una envolvente metálica que, aunque camaleónica en los renders, carece de esa calidez icónica. "A mí me recuerda a una nave espacial", comenta sobre su impacto en el paisaje.


Pero el error que califica de "imperdonable" es la gestión acústica. En un entorno tan residencial, el uso de materiales poco absorbentes ha convertido el estadio en una caja de resonancia que genera tensiones con el barrio. Para el arquitecto, la falta de superficies fonoabsorbentes como la madera o textiles técnicos es un fallo de diseño que empaña la funcionalidad de un edificio que nació para ser perfecto, pero que aún debe aprender a convivir con su propio eco.

Información de: Ignacio Morente (Arquitectura y Diseño)

Comentarios


bottom of page