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Pere Navarro. Un odio desmedido a los coches



El director de la DGT, Pere Navarro, no para de enfrentarse con todos los actores que componen la industria automovilística por su forma de ver la movilidad.

Cada vez que Pere Navarro habla no deja títere con cabeza. Sin embargo, me resulta especialmente curioso que el mayor representante de Tráfico, cada vez que hace una comparecencia, parece que odia a los coches. 

 

Ya no vamos a hablar del polémico tema de la baliza que, muy en el fondo, puede llegar a tener cierta lógica, aunque la manera de implantarla no ha sido la adecuada, sino de su manía persecutoria de eliminar los coches de las ciudades.

 

La última idea que ha tenido es la de decir que no vamos a poder movernos por el centro de las ciudades con coches, ni eléctrico, ni de gasolina, ni diésel. "Al centro de la ciudad vas con transporte público y si tienes prisa coges un taxi, Uber o Cabify".

 

La afirmación ya me parece grave, pero el tono altanero puede que incluso más.

No llevamos ni un mes de 2026 y esta es la segunda vez que Pere Navarro estalla contra los coches. Nada más comenzar el año, el director de la DGT señala que "mover cada día el coche para transportar a una sola persona es un lujo". 

 

Esto se suma a una de las declaraciones más polémicas que ha hecho hasta la fecha y que le persiguen desde 2024. "El futuro del tráfico será compartido... o no será".

 

Lo curioso es que ha pasado de afirmar que el problema era la contaminación a que ahora, mágicamente, sea el espacio. Desde luego parece que para Navarro el verdadero problema es que se conduzca.

Además de lo dicho, también me parece especialmente grave que, como director de una entidad pública, se haya dedicado a alabar a una empresa privada como Uber, con afirmaciones como "nosotros nos sentimos muy cómodos con todo lo que está haciendo Uber".

 



"Hay algunos que, mirando a las Zonas de Bajas Emisiones, están prometiendo ayudas para que te cambies al coche eléctrico y no", sentenciaba. Unas declaraciones que no van a sentar  bien al sector, cuyas ventas de coches eléctricos siguen sin levantar.

 

En un mundo ideal, todos podríamos ir a nuestro lugar de trabajo en transporte público. Y por supuesto que todos queremos salir a cenar o comer sin necesidad de tener que llevar nuestro propio coche, pero la realidad es que para muchos es imposible. Si vives fuera de las grandes urbes, no te digo en pueblos, sino barrios de las afueras, tus opciones de transporte son más bien limitadas.

 

Hay trayectos que en coche es menos de 30 minutos y que, en transporte público, se van a las dos horas. ¿De verdad el criminal es la persona que quiere disfrutar del poco tiempo libre que le queda fuera de sus horas de trabajo? Desde luego que no.

Parece que esto no vale nada para Pere Navarro, que ha convertido al coche en el villano oficial del relato. Da igual que sea nuevo, viejo, eléctrico, híbrido o que solo salga los domingos para ir a ver a los abuelos. El problema parece ser que existe. Que ocupa espacio. Que se mueve.

 

Pere Navarro no necesita decir explícitamente que odia los coches. No hace falta. Basta con el tono, con la insistencia, con esa pedagogía permanente que trata al conductor como a un adolescente reincidente al que hay que vigilar, corregir y castigar “por su propio bien”. Siempre por su bien. Faltaría más.

Información de: Lidia Vega (AutoBild)

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