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Felipe VI preside una épica final



Dos citas de diferente índole que Felipe VI vivió en primera persona. Desde primera hora de la mañana la compleja jornada le obligaba a programar una agenda milimétrica para asistir, junto con la reina doña Letizia, primero al multitudinario funeral del papa Francisco y volver a Sevilla para presidir el esperado encuentro final de la Copa del Rey entre los dos máximos representantes de nuestro fútbol.


Dos acontecimientos, el primero junto a incontables representantes, tanto de monarquías como líderes políticos mundiales, para presidir pocas horas después en una de las citas deportivas más esperadas del año

Un clásico que enfrentaba a culés y merengues en el sevillano estadio de la Cartuja que acogía a más de setenta mil aficionados en un ambiente propio del trofeo en juego. Gradas abarrotadas y ambiente extraordinario a la altura de acontecimiento.


El Rey, era recibido por el presidente de la Real Federación Española de Futbol, Rafael Louzán, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, con los que intercambiaba saludos junto a las personalidades que le acompañaban, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, y la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría.


Posteriormente el Rey cumplía con las fotos institucionales y los presidentes de ambos clubes, Florentino Pérez y Joan Laporta, junto al trofeo y camisetas de los equipos que tenían su nombre grabado en la espalda.

El Rey volaba de Roma a Sevilla para estar presente en la final de la Copa

Una vez que Felipe VI ocupaba su lugar en el palco de autoridades sonó a todo volumen el himno nacional. Seguidamente, el Rey ocupaba su sitio para presenciar el partido que llegaba cargado de una enorme expectación, calentada en los días previos por las declaraciones de los árbitros que juzgarían los lances del encuentro.

Antes del pitido inicial, los reyes tuvieron oportunidad de presenciar un  espectáculo visual protagonizado por un piloto de dron que sobrevoló el césped llevando la Copa en sus manos.


El partido no defraudó, ofreciendo un espectáculo deportivo de alto voltaje con diferentes alternativas. Dominado en primera instancia por los jugadores de Futbol Club Barcelona, que se adelantaban en el marcador con un gol de Pedri en el minuto 28, mientras que en la segunda parte eran los jugadores madridistas los que empataban la contienda con otro gran tanto, logrado por Mbappé en el minuto 70 de falta directa.



De nuevo marcaba el Real Madrid, Tchouaméni  batía de cabeza al portero rival para dar la vuelta al marcador en el minuto 76. Ferran ponía, minuto 84, las tablas en el marcador. Sin tregua, los dos equipos no se daban ni un segundo de descanso, con ataques continuos, luchando por todos los balones.


El árbitro Ricardo de Burgos Bengoetxea decretaba un penalti a favor del Barça, en el último instante del descuento, que después anulaba tras ser requerido por los jueces del VAR y revisar la jugada que podía haber sido decisiva para el resultado final. Con el pitido final se daba paso a la prorroga bajo un creciente nerviosismo entre ambas aficiones. En la prolongación de partido fueron los culés los que resolvían con eficacia el encuentra gracias a un excelente gol de Koundé en el minuto 116 de juego.


Un partidazo emocionante, igualado, épico, con victoria del FC Barcelona por 3-2 y explosión de alegría de los aficionados desplazados hasta la capital andaluza.  Los protagonistas, una vez superados los nervios propios de la intensa final, se despidieron con  deportividad y respeto por los rivales.


El paso por el palco para recoger la Copa de manos de Rey, coronaba una noche mágica, que será difícil de olvidar por los aficionados amantes del fútbol e igualmente para el monarca en una jornada para la historia.  

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