top of page
compilation_images_Icon_original (2).png

El Planeta de los Sabios



Existe una belleza melancólica en observar a Europa comportarse como el Dr. Zaius de una película de culto “El Planeta de los Simios”: convencida de que su superioridad moral es un escudo contra la realidad, mientras el resto del mundo simplemente afila los colmillos.

Hemos decidido que nuestra evolución no consistirá en ser los más fuertes, sino en ser los más exquisitamente regulados.

 

En nuestro particular "Planeta de los Sabios", la libertad se ha vuelto un concepto vintage. Mientras en otros continentes se preocupan por producir, nosotros hemos elevado la "normativa" a la categoría de Bellas Artes.

 

Un industrial europeo debe pedir permiso a tres ministerios para encender una bombilla, pero aceptamos con una sonrisa productos que llegan de latitudes donde la "ecología" es solo un nombre de mujer.

La civilización europea ha sido conquistada por leyes, normas y formularios.

Es el culmen de la sofisticación: prohibirnos cocinar en casa para acabar comprando comida a quien escupe en nuestros fogones.

 

Se asfixia al ganadero local con controles que ríanse ustedes de la NASA, pero abrimos la despensa a productos de terceros países que tratan los pesticidas como colonia de baño.

 



Como aquel astronauta que encuentra la Estatua de la Libertad enterrada, el europeo empieza a sospechar que su civilización no ha sido conquistada por bárbaros, sino por formularios.

 

Estamos creando un zoológico de cristal donde la electricidad es un lujo y el coche un pecado, financiando con impuestos nuestra propia irrelevancia.

Europa es hoy ese simio erudito que, mientras escribe un tratado sobre la ética de la banana, no se da cuenta de que se la están robando de la mano.

 

Moriremos con una huella de carbono impecable; lástima que no se pueda comer el certificado de sostenibilidad.

 

Texto de. Arturo Caimán

Comentarios


bottom of page