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El año frenético de Amancio Ortega

  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Compra otro bloque de apartamentos de lujo en EEUU, engorda su hotelera con dos hoteles, entra en el negocio portuario y, sobre todo, añade ocho edificios de oficinas a su cartera. Más de la mitad de su patrimonio inmobiliario ya pasa por Luxemburgo


En Cantón Grande, la calle de Coruña donde está la oficina central de Pontegadea Inversiones explican las reglas del negocio inmobiliario con extrema sencillez: 1) Los edificios del centro de las grandes ciudades nunca se quedan vacíos. Los de la periferia, sí. 2) Los precios de las oficinas más caras son los que más resisten. 3) Cuando los alquileres bajan, las grandes empresas regresan al centro de la ciudad. Son vasos comunicantes.


Por eso, en la era del teletrabajo y de las oficinas flexibles, los que invierten el dinero que gana Amancio Ortega se gastaron en el último año 1.500 millones en ocho edificios de oficinas en seis ciudades de cinco países diferentes. Casi la mitad de ellos los destinó a The Post, un imponente edificio de Vancouver con 70 años de historia.


Amancio Ortega cerró en el último año 17 operaciones inmobiliarias en las que invirtió más de 5.500 millones de euros. Su año récord, culminado con una operación también de récord para su cartera: la compra del holding logístico australiano Qube, junto al fondo local Macquire, por 6.900 millones de euros, aunque se desconoce el porcentaje exacto adquirido por el gallego. También obtuvo 150 millones vía desinversiones y aumentó al 13,7% su porcentaje en REN, la red eléctrica portuguesa.



Los movimientos del equipo de Ortega crecen en proporción al río de dividendos que le llega de Inditex. En los últimos cinco años, Zara casi ha duplicado su valor (+98%) y ha elevado un 88% el dividendo y le ha pagado a su fundador 14.600 millones.

Fue gracias a los dividendos de 2025 y 2026 de Inditex -a quien no le fue tan bien en la Bolsa-, que la fortuna de Amancio Ortega el año de su 90 cumpleaños aumentó un 4,9%, muy por debajo de lo que crecieron las de sus perseguidores en la lista, Rafael del Pino (34%) o Juan Roig (13%), para los que aún así es inalcanzable.

A medida que aumenta el catálogo inmobiliario de Ortega crecen sus ingresos por alquileres. En 2024, último año del que hay datos, recibió rentas de 781 millones de euros.


Luxemburgo. Pero si un factor define los tiempos que corren para el patrimonio del magnate es la diversificación. No sólo porque en los últimos años ha pasado de explotar hoteles y oficinas a las naves industriales, los aparcamientos y el negocio residencial. O porque invierta en infraestructuras energéticas, firme con Repsol y Telefónica o se haya estrenado en el negocio portuario. La diversificación es fiscal.


Desde 2024, parte de sus activos han arraigado en Luxemburgo. Ya tiene allí media docena de sociedades, la última constituida el pasado 3 de abril de 2026, y su sociedad paraguas en el Gran Ducado -Pontegadea Luxembourg SARL, creada en 2024- canaliza sus bienes en Estados Unidos y Canadá y sus nuevas operaciones en Italia, Alemania, Irlanda y Oceanía.



Además, ha separado de su holding coruñés sus valiosas posesiones en el Reino Unido, que también se orquestan en Luxemburgo a través de la sociedad pantalla Hills Place SARL.

Hills Place es la calle de Londres donde Ortega sitúa su oficina británica, Pontegadea UK, con 3.000 millones de euros en forma de poderosos inmuebles repartidos por media isla. Firmar sus cuentas anuales en abril del año pasado debió de ser casi lo último que hizo José Arnau como mano derecha de Ortega antes de jubilarse semanas después, en junio de 2025.


Arnau (Cervo, Lugo, 1956) y Ortega empezaron juntos a entender la mecánica de los vasos comunicantes del sector del ladrillo cuando en los años 90 empezaron a negociar los alquileres de sus primeras tiendas de Zara. Descubrieron que era mejor comprarlos y alquilarlos ellos.

Con Roberto Cibeira (O Carballiño, Orense, 1971), su nuevo CEO y hombre para todo, ha descubierto que renta mucho más ponerlos a mejor recaudo.

Información de: Jose F. Leal (El Mundo)

 

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