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Dignidad de periodista


Un sector de la profesión periodística investiga y cuenta las cosas que suceden en el ámbito de la política y la delincuencia, que en estos tiempos van de la mano, y el otro sector del oficio se dedica a desmentir noticias y a publicar consignas y relatos unívocos en favor y defensa de los políticos que les han colocado en diferentes tertulias.

 

En mis muchos años de trabajo como periodista y profesor universitario de alumnos de Ciencias de la Información, jamás hasta ahora he sido testigo de la autodestrucción de la fama profesional de tanto periodista viejo o  jovenzuelo que babean las mismas  consignas y con idénticas palabras a favor de delincuentes políticos confesos o investigados.


La imagen del periodista fumador y bebedor que maltrataba sus pulmones y su hígado en la búsqueda  de la verdad, ha sido sustituida por la de mercenarios sin principios ni fronteras que tienen acceso libre a las consignas del gobierno que les indican lo que deben decir o escribir – siempre con las mismas palabras- y a cambio  malbaratan la escasa dignidad que alguna vez tuvieron.

España es un gran país gobernado por delincuentes y jaleado por fanáticos a sueldo con carné de partido

No recuerdo algo parecido en muchos años de trabajo en este oficio y me llama la atención que  viejos periodistas que alguna vez tuvieron algo de dignidad e independencia de criterio hoy dilapidan su pasado y dan la imagen patética de los bujarrones entrados en años o sus colegas femeninas en el oficio, que reivindican acabar en la basura del descrédito.

 

Han renunciado a conservar en su memoria y en la de sus nietos la imagen romántica del periodista mal pagado, pero bien vestido con traje, corbata y a veces sombrero, que aparece en las películas de  Hollywood , o la de los de la transición política en España,  donde la barba y el vestir impoluto definía el perfil de los que hoy han entregado su dignidad a un tal Sánchez, que los desprecia porque le obedecen a ciegas.

 

Post data: No he hablado de los otros bujarrones de la política ni de la masa indigna de diputados que obedecen a ciegas al delincuente. Existen pero de ellos no hay que esperar nada. De los periodistas sí, aunque cada día menos.


Texto de. Diego Armario

 

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